abril 15, 2024

¿Que es y donde queda esa peligrosa selva de Darién de la que todos hablan?

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El Darién es la selva que hace de frontera entre Colombia y Panamá.

Creditos: RTVE.ES/MSF

Miles de migrantes se envalentonan cada mes y deciden adentrarse en la peligrosa selva del Darién. Esta franja de menos de 100 kilómetros que une Colombia y Panamá, la única zona donde se corta la ruta panamericana que transcurre entre Estados Unidos y Argentina, se convierte es una pesadilla para la mayoría. A la dureza del viaje -jornadas extenuantes en un camino de orografía peligrosa, con crecidas súbitas de ríos, de enormes pendientes y precipicios extremadamente difíciles de sortear- se une la violencia perpetrada por grupos criminales.

Durante unas pocas semanas en octubre y coincidiendo con una mayor presencia de efectivos del Servicio Nacional de Fronteras de Panamá, la violencia contra la población migrante descendió relativamente. Sin embargo, el descenso ha sido efímero y el número y brutalidad de los ataques, incluidas agresiones sexual, vuelve a ser muy elevado.

“Nos asaltaron al segundo día, un grupo de unos 7 u 8 hombres, con fusiles, con machetes. Te registran y te quitan el dinero, los celulares, la comida, incluso la olla para cocinar. A las mujeres, las registran en sus partes íntimas, las amenazan, las separan del grupo y las violan. A algunas, repetidas veces”, explica Juan, cubano de 59 años, que decidió intentar llegar a Estados Unidos por la falta de medios económicos.

“Nos asaltaron al segundo día, un grupo de unos 7 u 8 hombres, con fusiles, con machetes…

“El impacto que los asaltos tienen en la salud física y psicológica de los pacientes a los que atendemos es tremendo. Desde que empezamos el proyecto en el mes de abril, hemos atendido a 288 supervivientes de agresión sexual”, explica Owen Breuil, coordinador de terreno de los proyectos de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Panamá.

Un grupo de migrantes en Bajo Chiquito, Panamá MSF

A veces realizan el último tramo en piragua.

Cuando las personas migrantes consiguen salir a la selva del lado panameño se encuentran con el pequeño pueblo de Bajo Chiquito. Ahora miembros de la comunidad ofrecen la opción de realizar el último tramo del trayecto en piragua. Los migrantes que pueden pagar el servicio, acortan la duración del trayecto dos días y esto hace que no lleguen en condiciones físicas tan extremas como antes.

Nadine, dominicana de 40 años, viajó desde Chile acompañada de su hija de seis años y de su compañero. “La vida en Chile, sin papeles, es muy difícil. Yo trabajaba en una residencia de ancianos, pero se hacía cada vez más difícil. Pensamos que cruzar el Darién sería cuatro días. Fueron once. Te quedas sin fuerzas. No puedes avanzar. Ves cómo los ríos se llevan niños, familias, mucha gente muere”.

Nadine estuvo tres días sola con su hija en la selva. Su compañero tomó la decisión de salir primero y pedir ayuda. Fue rescatada por miembros de la comunidad de Bajo Chiquito MSF

Más de 121.000 migrantes han cruzado la selva en lo que va de año.

Según el departamento de Migración, este 2021 han entrado en Panamá por la selva del Darién 121.737 migrantes. 29.604 solo en el mes de octubre. En solo diez meses de este año, han cruzado tantos migrantes como en los últimos 11 años juntos.

MSF ha realizado más de 30.000 consultas médicas a la población migrante en Bajo Chiquito, donde MSF colabora con el Ministerio de Salud, y en las Estaciones de Recepción Migratoria de Lajas Blancas y San Vicente, alrededor de 10.000 corresponden a menores y alrededor de un millar a mujeres embarazadas.

El río Turquesa a su paso por el pueblo de Bajo Chiquito en Panamá MSF

La gran mayoría de migrantes atendidos son familias de haitianos que han vivido en los últimos años en Brasil o Chile. Muchos de ellos perdieron su medio de vida por la crisis derivada de la pandemia de COVID-19 y se han visto obligados a desplazarse hacia el norte en búsqueda de oportunidades. No tienen otra alternativa para cruzar la frontera entre Colombia y Panamá y están forzados a hacerlo por la ruta más peligrosa, porque no pueden pagarse otros caminos menos expuestos.

A la atención médica se suman las consultas en salud mental, dada la gran necesidad después de las experiencias traumáticas que viven en la selva.

Una de las afecciones más comunes al tratar de cruzar el Darién son las heridas en los pies tras días caminando en una selva tropical MSF

Si algo habita las pesadillas de las personas migrantes una vez han logrado cruzar el Darién es la gente que se queda atrás, los que con los pies destrozados, con heridas abiertas por fracturas, por cansancio y debilidad extrema se abandonan a la selva, algunos sin esperanza, otros confiando en reponerse con la ayuda de los que van pasando o a la espera de un rescate incierto.

Angel es un venezolano de 19 años que salió de su país a los 15. Trabajó en Cali, Colombia, hasta que ya no pudo más y busca llegar a Estados Unidos. “Vi al menos 10 cadáveres, pero lo peor es la gente que se queda atrás, las mujeres que no pueden subir las lomas, que se resbalan con la lluvia y el barro”.

Alejandro y Manuel en el Estación de Recepción Migratoria de Lajas Blancas. Se conocieron durante la ruta por la selva del Darién MSF

El tránsito libre y ordenado entre los dos países es la única opción sostenible que garantiza la protección a las personas”, dice Breuil, que recalca “desde MSF pedimos rutas seguras y que los gobiernos de la región protejan de la violencia a las familias de migrantes que han tenido que abandonar Haití o los países de residencia donde se encontraban a causa de la violencia, la crisis económica provocada por la pandemia del COVID-19 y las políticas que criminalizan a los migrantes”.

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